
Este año, ese efecto fue potenciado por el alivio impositivo que, en su enunciación original, iba a ser transitorio.
Eso llevó a que los productores se apresuraran a vender sus stocks y que luego, en agosto, se produjera la previsible caída.
Puesto en números, lo que ingresó a la caja de ARCA por retenciones a la exportación en agosto representó apenas un 2,6% de la recaudación total.
En junio, las retenciones habían aportado un contundente 7,5%.
Para el resto del año, la presunción de los analistas del negocio agropecuario es que las cifras de exportación serán modestas, tanto por una cuestión estacional del campo como por la incertidumbre política pre-electoral.
El hecho de que en el mercado se esté especulando con un nuevo esquema cambiario tras las legislativas de octubre hace que los productores tiendan a ser conservadores y mantener sus stocks en los silobolsas.
En consecuencia, la caja de ARCA dependerá de que se mantengan en buenos niveles los dos principales rubros de recaudación: el IVA y el impuesto a las Ganancias.
En el caso de Ganancias, que se aplica sobre ingresos nominales, las perspectivas son de suba. Es un típico impuesto que no fluctúa junto con el nivel de actividad económica.
De hecho, suele ser el que aumenta la recaudación en períodos recesivos, porque acompaña más a la inflación que a ingresos reales. En agosto, su crecimiento real fue de 13,8% -recibió el impacto positivo de un régimen de facilidades de pago-.
Y en lo que respecta al IVA, el hecho de que haya tenido una leve variación positiva es destacable, porque se produjo en un mes plagado de malas señales, como el virtual congelamiento del crédito y el aumento de la morosidad bancaria por las subas en las tasas de interés. Además, el índice de producción industrial que mide la consultora FIEL registró una caída de 3,3% interanual y de 1,4% respecto del mes anterior.










