
Así lo refleja el último informe del Rosgan, que destaca un crecimiento en la demanda local no solo de carne vacuna, sino también de pollo y cerdo.
Lo más destacado del fenómeno es que este repunte no se dio por precios a la baja, sino por una mejora real del poder adquisitivo, en un contexto de inflación contenida.
Entre enero y junio de este año, la producción nacional de carne vacuna alcanzó las 1.516 mil toneladas, de las cuales solo un 24% fue al mercado externo, debido a una caída interanual del 19% en las exportaciones.
El resto —unas 1.153 mil toneladas— quedó en manos del consumo interno, lo que representa un 11,4% más que en el mismo período de 2024.
El dato más significativo: en términos per cápita, el argentino pasó de consumir 47,6 kilos de carne vacuna a 50,2 kilos anuales, incorporando 2,6 kilos a su dieta.
A esto se sumaron un kilo más de carne aviar y 1,3 kilos de carne porcina, lo que llevó el consumo total de proteínas cárnicas a más de 114 kilos por habitante, 4,9 kilos más que el año pasado.









